El cuento


El conjuro de las Semillas de Estrellas

Las coincidencias no existen. Dirás que no me conoces o, quizás, que no te acuerdas de mí, pero esta carta fue escrita para ti pues ha llegado el tiempo de reunirnos. Tienes en tus manos un conjuro sagrado que ya estás preparado para comprender y para usar.

Es el conjuro que sirve para convocar las Semillas de Estrellas provenientes de las ceremonias y los rituales de todas las tradiciones y de todos los tiempos que han trabajado y trabajan por el Amor.

Podrás colocar en cualquier lugar y usar en toda situación las Semillas de Estrellas. Quien entre en contacto con ellas no podrá resistir el embrujo de abrir su corazón al Amor porque solo si somos capaces de abrazar la piel de todas las pieles podremos dar un paso adelante en nuestra evolución como humanidad.

El papel se quedó como paralizado en su mano. Al lado se encontraba la pequeña caja de madera que llegó con el misterioso paquete que acababa de encontrar junto a su puerta. Era una caja rectangular con un hermoso decorado y algunos textos que no pudo reconocer. Cerró los ojos y recorrió el cajón de sus recuerdos y aprendizajes. Hasta hacía poco tiempo su vida transcurría de manera normal, o al menos así lo creía. No se hacía muchas preguntas sobre la vida y había seguido las rutas que se consideraban comunes y deseadas para todos los que lo rodeaban.

De un tiempo para acá, se sentía como jaguar enjaulado. Muy dentro de sí algo lo hacía dudar de todo. Las explicaciones usuales de la vida, tan racionales y metódicas, le incomodaban cada vez más y su mundo parecía no estar yendo por el rumbo cómodo de un tiempo atrás. Un mundo mágico y lleno de misterios había empezado a cruzarse en su camino de muy diversas maneras: un folleto en un almacén, un anuncio en el periódico, una conversación con alguna amiga, sueños extraños y diferentes, coincidencias muy particulares que conducían a eventos y encuentros totalmente inesperados y con resultados fuera de lo común. La lista de estas coincidencias, si se les podía llamar así, era larga y los que al principio parecían eventos aislados comenzaron a convertirse en una rutina más y más frecuente. Esta carta y esa caja parecían ser una pieza más de ese rompecabezas que adquiría forma en su corazón. Retomó el papel, traía una firma que no reconoció pero aun así la sintió familiar, y continuó con la lectura:

No hay un camino, son miles de caminos, tantos como seres de luz hay en el planeta. Los católicos que se reúnen alrededor de la hostia y el vino, el musulmán que se postra en dirección a la Meca para entonar sus rezos y cantos, la mujer hebrea que celebra con todo respeto el Shabbat, el budista que se recoge para meditar, la anciana hindú que le canta a Shiva, el chamán que fuma su pipa sagrada, el sufi que danza en espirales interminables, el Bahai que entona sus himnos, o el curandero que en la selva o el desierto le canta al fuego o a Yemanyá; todos ellos le cantan al Amor.

A su manera, con sus rezos, sus plegarias, sus intenciones, todas esas ceremonias y rituales lanzan chispas de Amor al viento para pedir sabiduría, para brindar sanación y consuelo, o simplemente por el gozo de amar. Esas chispas son Semillas de Estrellas que vuelan con los vientos en busca de una flor que polinizar o un corazón que aliviar.

Pero no son solo ellos. También las mujeres en sus círculos de palabras, quienes beben un chocolate sagrado, los amigos que hacen una fogata para cantarle y danzarle a la vida, una madre que amamanta a su pequeño, niños que juegan en una danza alocada con la naturaleza, los amigos que se sientan a observar el atardecer o la salida de una luna dorada, los que hacen una meditación en torno a una vela y dejan volar sus mantras, los amantes que se entregan en un acto de pasión, amor y ternura o, simplemente quien se recoge por unos minutos en los templos de la humanidad para conectarse con Dios o con la Reina Madre; todos ellos lanzan al viento chispas de luz que forman Semillas de Estrellas.

Semillas de Estrellas que flotan por el mundo, navegan por ríos y mares y  se posan con suavidad en los campos sembrados o en el rugido de alguna fiera que cuida a sus cachorros. Magia de Amor que ronda el planeta dejando caer su dulce polen aquí y allá.

Imagina  lo que lograrías si pudieras poner en una gota de agua o en un susurro una pizca de todas esas chispas. Pues bien, esto que tienes en tus manos es un conjuro para llevar contigo esas Semillas de Estrellas para que le puedas dar a cuanto hermano o hermana quieras una brizna de ese concentrado de Amor. A su contacto, todo aquel que haya experimentado alguna forma de amor podrá recuperar la memoria y quien crea que nunca ha sentido el abrazo del amor tendrá una sed profunda del mismo. Repártelo por el camino, sé generoso y deja que muchos sientan su caricia. Nadie podrá resistir la tentación de abrir su corazón, pues habrá sido convocado por las fuerzas del conjuro del Amor.

La vela parpadeaba con suavidad y sus sombras lo abrazaban. Cerró los ojos y dejó que las imágenes de la memoria lo envolvieran. En los últimos meses había empezado a ver a sus amigos y colegas de otra forma. Las atracciones y los rechazos que sentía con unos u otros ahora operaban de manera diferente, más como algo que estaba dentro de él y no como algo que estaba  en ellos. Estas líneas sobre el Amor lo llevaban a reflexionar sobre la forma en que acogía y vivía el Amor en su vida. Antes ponía en los otros sus propios miedos y tristezas y eso servía de excusa para rechazarlos o para sentir antipatías. Una nueva forma de amar crecía en él, cada vez proyectaba menos en su entorno sus propias oscuridades y en cambio dejaba que fuese su luz interior la que se proyectara. Así, incluso ante situaciones dolorosas y agobiantes para quienes le rodeaban ahora se acercaba a ellas con otro sentir, uno de compasión basada en el Amor.

Por mucho tiempo creyó que el amor era un sentimiento que se tenía hacia un ser querido o una forma de enamoramiento hacia su compañera, pero estas líneas mostraban una dimensión diferente. Retornó a la lectura en búsqueda de respuestas.

Hay muchas formas de abrazo. Las hay muy sutiles como los encuentros de almas en planos superiores. Hay también el abrazo de los amantes, ese que lleva al éxtasis de la entrega y la comunión de cuerpos y almas. De igual forma, encuentras el abrazo de la madre que conforta y el del amigo que te acompaña. Y por supuesto, está el abrazo a ti mismo.

Cada uno de ellos se superpone al otro y forman una poderosa pirámide. Pero, como bien sabes, la altura y la fortaleza de toda pirámide dependen de su base y esta pirámide de abrazos tiene como base el abrazo más simple, el abrazo de piel: el fundamento sobre el cual se tejerán todos los demás. Si la base es sólida, la pirámide podrá llegar al infinito.

El abrazo de la piel es el más básico e importante de todos. Es el simple abrazo a seres que, sin tener con ellos una relación especial, reconocemos como hermanos, como aliados creados de la misma esencia divina, para que en conjunto y unidos por la fuerza del  abrazo, nos armonicemos e iluminemos unos a otros en el camino.

De nada nos sirven tantos cantos de amor, tantas filosofías de salvación y de paz –de la antigua o de la Nueva Era, si no somos capaces, primero y  sobre todo, de abrazarnos unos a otros en una entrega total, sincera, de corazón. De nada sirven rosarios, cristales, mantras, símbolos, imágenes, rezos que hablan de un nuevo reino de amor y de paz, si no podemos amar al hermano que cruza nuestro camino.

Este conjuro abre las puertas para que esto suceda, concentra las Semillas de Estrellas que provocan que podamos conectar pieles y espíritus en un abrazo de ternura y de aceptación, porque, solo si  somos capaces de abrazar la piel de todas las pieles, podremos avanzar en el camino del Amor.

Se abre así nuestra existencia a una vivencia de felicidad, de dicha,  que no tiene nada que ver con el sufrimiento como camino. Ya no más privaciones y dolor,  pecados y penitencias; ahora es el tiempo de un estado consciente y permanente de fiesta y de celebración. Es el tiempo de la Revolución de la Alegría que se hace con abrazos, con danza, con música, con besos, con silencios, con cantos que generan  abundancia. Es una senda que toma  el camino de la acción y mantiene su ritmo, con gracia y dulzura, en un gozo permanente de la maravilla de la creación.

Cientos de imágenes le asaltaron. En varias oportunidades, luego de alguna meditación o de alguna ceremonia había sentido una profunda conexión con todos los que le rodeaban pero al cabo de un rato o de unos días, ese sentimiento se desvanecía. Como si al estar en ese estado de Gracia fuera posible comulgar con todos y todas sin distinción alguna. Pero al regresar a la rutina poco a poco las diferencias, los egos, los miedos, las heridas y recuerdos ganaban su espacio propio y pasaban a regir las relaciones. Algo así como si al estar en esa dimensión de paz los egos no importaran y fuese posible conectarse solo desde la esencia. Era sorprendente como cambiaban todos al ser mirados con el ojo del ego!

Alguna vez leyó que el ego es la diferencia que resulta de restar lo que en realidad somos de lo que creemos que somos. Algo así como si la esfera de luz que es cada cual fuese revestida con una deforme burbuja inflada con todas las pretensiones, dolores, arrogancias vanidades y veleidades resultado de cada historia personal. Esa burbuja de alguna forma se convertía en una especie de prisión para el Ser de luz que le habitaba y al hacerlo ni dejaba entrar luz fresca ni permitía que saliera la luz propia del Ser que la habitaba. Las palabras de esta carta le ayudaron a comprender que no basta con la conexión entre las esencias. No, era necesario sanar esas heridas para que los egos adquirieran su justa dimensión, apenas como un sutil velo o un traje ceñido que arropara al Ser de luz. Prosiguió la lectura.

Has de saber que vamos sobre los hombros de grandes seres: Jesús, Buda, el Profeta Mahoma, María, Gandhi por mencionar solo algunos avatares. Ellos son el suelo firme de la pirámide que hoy construimos. Nos podemos poner sobre sus hombros porque ellos ya abrieron el camino, nos dejaron sus enseñanzas, nos mostraron la dirección a seguir. Ahora es nuestra tarea pararnos sobre ellos, con toda humildad y en profundo respeto, mirar más lejos y llegar mucho más allá; tenemos ahora la oportunidad de dar un salto maravilloso. No los veas como los maestros a los que seguimos, sino como las sólidas bases sobre las que nos paramos porque en la esencia de sus enseñanzas está la unidad con el Todo y no en la separación entre unos y otros, entre iniciados y aprendices.

El buen Maestro mira a sus discípulos y se siente feliz, realizado al comprobar que estos le han superado. El abuelo observa a sus nietos y se alegra como ellos le han trascendido. Así, debemos trabajar para que si cualquiera de estos avatares se asomase hoy en tu casa, al verte brillar no pudiese más que sonreír de felicidad.

Por eso mismo, ten en cuenta que al final regresamos al punto de partida, al origen de todo lo que es. El plural es el singular, como es adentro es afuera, como es el cosmos es tu ser. Podrías simplemente amar a otros para intentar trascender, pero solo puedes hacerlo si primero eres capaz de amarte y aceptarte tal como eres. Para que la pirámide sea sólida cada una de sus columnas debe ser del acero más templado, del diamante más precioso, y eso solo se consigue si eres capaz de abrazarte a ti mismo  y amarte con plena aceptación, con humildad y, respeto, tomando conciencia de tus miedos y condicionamientos, para decidir vivir y actuar en el ahora iluminando tu vida con sentimientos de Amor. Así te reconocerás como la chispa de Dios que eres y podrás ver en el rostro de los otros la mirada del Creador.

Esto te conduce a una nueva forma de comprender el amor, pues ya no es algo que das o que recibes. No, por ese camino creas relaciones de dependencia o de apego que te pueden atar y que incluso ayudan a crecer tu ego, creyéndote un gran dador de amor. No, no se trata de dar o de recibir amor, sino simplemente de ser Amor, es decir, se trata de dejar que resucite en ti la luz de Dios no en una vida después de la muerte, sino aquí y ahora. Así podrás reconocerte como una expresión de Dios y ver en todo lo que te rodea la expresión del Amor divino. Amplías así tu círculo de compasión para abrazar toda la belleza que te rodea, empezando por la de la Madre Tierra.

La Madre Tierra… ese era un concepto que hasta hacía poco tiempo le parecía extraño. O era tema de exóticos personajes de la Nueva Era, o de hippies o de nativos de distintas tradiciones ancestrales. Si bien a lo largo de la vida en muchas ocasiones había estado en contacto con la naturaleza, la vida en la ciudad y esta cultura materialista y mercantil que le rodeaba habían logrado desconectarle de la tierra. El goce del mar o de la montaña habían llegado a ser una simple experiencia televisada, los alimentos venían ahora en cajas y frascos que nada tenían que ver con su origen y el clima se había transformado en un asunto de predicciones computacionales y satelitales, en un dato más para su cotidianidad.

Ahora que hacía memoria comprendió que el principio de todo su proceso de cambio quizás se había iniciado años atrás durante su estadía en una hermosa montaña. Fueron cinco semanas lejos de la civilización. El proyecto que le llevó allí le obligó a estar con la naturaleza y gozar cada cosa de ella. Fueron semanas maravillosas caminando por la selva, descubriendo nuevas plantas y animales, nadando con toda libertad por ríos de cristal. Ese contacto con la tierra fue sin duda el principio de un despertar que le llevó a reconectarse con la naturaleza. El texto le robó de nuevo la atención.

La tierra es la Madre que te ha acogido y nutrido. Como buena madre, su amor es infinito y desinteresado. Te da de comer, de beber, de respirar, te provee de los materiales para tu vivienda y tu abrigo y no pide nada a cambio, simplemente da. Si te desconectas de ella, si pierdes tu conexión básica con esa energía habrás perdido el acceso fundamental a la raíz de tu propia esencia. Te creerás entonces un dios que todo lo puede controlar y ya no verás en la tierra a una Madre sino tan solo a una despensa que puedes saquear y alterar a tu antojo. Algunos hermanos con algún nivel de conciencia creerán que con esos actos se arruinará el planeta y abogarán por él.

Pero no, el planeta no corre peligro. Es posible que las acciones depredadoras destruyan algunos paisajes hermosos y desaparezcan una buena cantidad de especies pero eso no acabará el planeta. Lo que está en juego no es la vida de la Madre Tierra sino de ustedes mismos como especie. Por millones de años ella vivió sin presencia humana y por otros cuantos los hombres y las mujeres de civilizaciones antiguas supieron mantener con la Madre una relación guiada por el Amor y el respeto. A la Madre se le honraba y se le agradecía por lo que daba, se le cuidaba y amaba.

Pero llegaron tiempos en que esto se olvidó y entonces la conexión de cada cual con la energía Madre se perdió. Han sido tiempos oscuros, difíciles y de mucho dolor. Para sobrepasarlos es necesario recuperar esa conexión y para eso solo es cuestión de avivar las memorias profundas en cada hermano, en cada hermana. Por esta razón, al invocar este conjuro que hoy llega a ti deberás hacerlo en plena conciencia de la presencia de los distintos elementos del mundo que te rodea.

El agua, dadora de vida y maestra en el arte de fluir con tus emociones te puede acompañar con una flor o un pequeño recipiente con este néctar de vida. La tierra podrá estar presente con alguna pequeña piedra o un cristal para recordarte tu dimensión física, tu cuerpo y para enseñarte acerca de la intuición y la magia. El viento podrá estar allí en una pluma o en el polen de alguna planta y te enseñará acerca de la flexibilidad, del recibir y te recordará que también eres mente, razón, conocimiento. El fuego creador te puede acompañar con una vela, con un poema o un dibujo, te recordará que también eres espíritu y te enseñará acerca de la creatividad y de tu capacidad de tomar decisiones. Eres cuerpo, emociones, mente, espíritu y también sexualidad. Todos los anteriores se integran, se catalizan en tu dimensión sexual porque la conexión sagrada entre dos seres es uno de los portales más poderosos de conexión con Dios y a él solo accedes si estás en conexión con la Madre Tierra y en armonía con todos los demás.

Al celebrar una ceremonia para invocar este Conjuro de las Semillas de Estrellas busca incorporar de manera creativa cada uno de estos elementos. No hay una fórmula, no hay un único protocolo aparte de hacerlo con respeto y con humildad. Puedes realizarlo en solitario o con muchas personas, de día o de noche, con luna o sin luna, con muchas imágenes o simplemente con una vela. Lo que cuenta no son los objetos que coloques sino la intención con la que lo hagas.

Porque lo que realmente vale es la esencia y se trata es de reconectar tu esencia con Dios y con la Madre Tierra, todo lo demás no son más que la escenografía y la coreografía que te pueden ayudar a lograrlo. Usa las que más se ajusten a tu propia naturaleza y al contexto en el que vivas. Sé siempre respetuoso de las muchas tradiciones, recuerda que ellas no son más que los caminos que otros han elegido para alimentar esa relación. No cuestiones sus formas, conéctate con su esencia. Conéctate con el Amor.

Con respeto y devoción lee el Conjuro, has la invocación con toda la fuerza de que seas capaz y sal a sembrar Semillas de Estrellas, sal a cultivar la revolución de la alegría.

Tu hermano y guardián,

(Firma ilegible)

Dobló el papel. Su corazón palpitaba con rapidez y el silencio fue su compañero más deseado. Unos minutos más tarde, no supo cuántos, tomó la caja y recorrió con sus dedos la madera. Era  muy antigua, sólida, había sido tallada por manos sabias y pacientes. La abrió con delicadeza, el seguro que traía se deslizó con suavidad como si fuese apenas una pieza más del decorado. Dentro encontró un desgastado pergamino atado con una cinta verde y sellado con lacre rojo. Dudó por un momento, sabía el valor de lo que ese rollo guardaba. Sus manos temblaban de solo pensar en la responsabilidad que implicaba abrirlo. Miró la vela, encendió un nuevo incienso y guardó silencio. El rollo de papel temblaba en sus manos y no supo distinguir si la causa eran sus propios miedos, o la fuerza del secreto que allí se guardaba luchando por salir.

Rompió el sello de lacre y con mucha delicadeza desató el nudo. Le costó un poco de trabajo desenrollar el papel. Era evidente que por mucho tiempo, quizás durante siglos, no había sido abierto y la espiral de papel se resistía a extenderse. Hasta que finalmente, como quien despierta un dragón que ha estado invernando por siglos, muy despacio, el pergamino cedió ante su empeño y se dejó extender sobre la mesa.

Era un papel de una textura desconocida,  muy fuerte, resistente a muchas cosas, y a la vez muy suave, como si fueran necesarias la fortaleza para resistir al tiempo y la textura delicada para acoger a tan maravilloso secreto. Al abrirlo, una luz brillante invadió toda la habitación y a su alrededor se formó una nube de mil colores compuesta por diminutas estrellas que danzaban entre sí, chocaban, subían y giraban en espirales que lanzaban chispas brillantes.

Respiró profundo, se acomodó en el sillón, bebió un sorbo de su café frío y retomó el pergamino. En la parte superior había un pequeño corazón de un rojo y plateado intensos, rodeado por una aureola dorada. De allí venía el resplandor que lo había abrazado hace un momento. No pudo evitar perderse en esa imagen sin saber durante cuánto tiempo. -en realidad el tiempo ya no importaba. Luego sus ojos comenzaron a recorrer el texto. Estaba escrito en una lengua secreta que no conocía y con símbolos que  eran completamente ajenos, sin embargo, su corazón podía leer todo. Sus ojos se resbalaron con delicadeza por el texto. Ver El Conjuro de las Semillas de Estrellas

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